Óscar 113

Siempre me obsesionó la idea de abordar fotográficamente un parto, hay pocas oportunidades para enfrentarse a un acto tan maravilloso y era consciente de ello.

En un momento durante el camino hacia el hospital me vi con el deber o con la obligación como fotógrafo de documentar lo que iba a suceder. Llevaba tiempo planeando en la cabeza como podría narrar tal acontecimiento. Me decía a mi  mismo que sería un testigo impertinente pero que las fotos serian la certeza y credibilidad de que todo había sucedido de alguna manera. La cámara sería el arma que me haría enfrentarme al hecho. El disparo había de ser único, certero y que cada foto fuera un registro único.

Aun recuerdo aquel lunes frío de diciembre cuando llegamos al hospital. Óscar 113, es lo que dijeron, pensé, una habitación acabada en 13, pero no quise darle importancia. Paredes de papel, sofá verde, la cama preparada, y Beatriz con su camisón rojo. La espera se vuelve noche, el cuerpo duerme pero la mente no descansa.

Entramos en el paritorio, había que ponerse un gorro y una bata, la adrenalina subía rápidamente y me vi ante el marco de la vida, donde empieza todo, donde el aliento comienza a luchar, la vida se vuelve dueña, preciada, única para los ojos que miran a través de la cámara.

Todo pasó muy rápido y en unos minutos estuvimos fuera. Había ido todo muy bien. Subimos a la habitación y éramos tres, había una nueva vida, la vida de Óscar.

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